Seleccionar página

No analizas tu canción favorita… La sientes

¿Te imaginas?

Suena tu canción favorita. Esa que te eleva, que te transporta a otra dimensión, te tranquiliza y te llena de fuerza y energía. La escuchas tumbado en la cama, con los ojos cerrados, disfrutando.

Pero no sabes por qué, hoy pasa algo raro. En vez de todo eso tu cerebro se vuelve loco, no para y te informa:

  • La canción dura 3:29 (¿Por qué no dura más?
  • Intervienen 5 instrumentos: guitarra, batería, piano, bajo y saxo (Sería mejor sin ese piano)
  • Ahora está sonando un Do Mayor y luego vendrá un Fa (Esto si que me gusta ojalá se repita)
  • El tempo está en 4/4
  • El estribillo se repite 3 veces a lo largo de la canción (deberían ser 4, ¿no?

Okey cerebro. ¡Muchas gracias! ¿Y a mí que me importa? Yo solo quiero sentir, sentir la canción, ¿entiendes? No me marees.

Algo que a priori es un momento de disfrute y conexión se convierte en un verdadero coñazo. Convertimos la canción el algo aséptico, sin alma, aburrido, muerto.

Obviamente sabemos que hacer esto con la música es totalmente estúpido y disfuncional. Pero curiosamente es lo que hacemos constantemente en nuestro día a día con las personas, las situaciones y los objetos.

En vez de vivir y sentir, analizamos, juzgamos y etiquetamos.

¿Te has fijado como mira un niño pequeño la realidad? Es transparente como una pantera, vive el instante presente, lo siente y lo disfruta. La vida funciona así, es fresca pura y sin filtros mentales.

¿Pero que hacemos nosotros normalmente?

¿Vemos al otro como el misterio que es?

¿Lo sentimos o lo analizamos?

La mayoría de las veces creo que más bien lo segundo… Nuestra mente siempre quiere tener todo bajo control, pero la vida no entiende de eso, ella es única a cada instante, y nosotros formamos parte de ella, aunque se nos olvide de vez en cuando.

Ojalá sintiéramos a los demás como la música que son.